Reflexión
La vida de la madreperla es sencilla: filtra su alimento y se limpia de la arena que le entra. Pero a veces algo le lastima el tejido y ahí adentro se queda.
Para curarse usa nácar, el mismo material con el que construye su refugio por dentro. Deposita unas pocas capas al día, día tras día, durante años. Hasta que se forma lo que conocemos como perla.
Contigo pasa igual. Llevas tu vida con normalidad y un día algo te lastima. Casi siempre lo ignoras: no tengo tiempo para sentirme mal. Y ese raspón sigue ahí, y suele hacerse más grande y más doloroso.
Pero si te sientas a curarlo, se restaura. Y de esa herida sale una sabiduría, una perla para tu vida, que te deja más resiliente y con más capacidad de vivir en plenitud.
En estos tiempos de inmediatez nos cuesta acompañar un proceso con presencia y amor. Pero así es como mejor nos construimos: poquito a poquito.
Para esos momentos en los que necesitas regular tu mente.
Te regalo un mandala marino que se usa junto con un mantra muy especial: colorear con presencia e intención te ayuda a anclar tu atención y volver al presente con colores.
Adentro encontrarás las instrucciones para practicarlo.
Recibirás tu práctica. Si quieres, también te escribo:
Te enviaré un correo para confirmar tu dirección, y en cuanto la confirmes recibirás tu práctica. Si marcaste alguna casilla, también te escribiré sobre lo que elegiste, y puedes darte de baja cuando quieras.